Soy andaluz. Nací en Sevilla. Vivo en Los Alcores(Sevilla). Aquí creo que me voy a quedar.
Mi
formación académica la obtuve en la UNED(Psicología). Máster Investigación literaria y teatral en el contexto europeo (Métodos y técnicas de investigación teatral). Dramaturgia y Dirección escénicaen Seymour Centre, University of Sydney.
Mi formación no académica proviene del resto del mundo, de cientos de libros y personas.
El amor por el Teatro.
Gracias
a mis padres, dispuse de una magnífica biblioteca, que ya estaba en
casa cuando yo llegué, de modo que ambos fuimos creciendo con el paso de
los años.
¡Qué suerte la mía! En ella encontré ―siendo aún muy pequeño, quizás siete u ocho años― algunos libros de la colección Voz e imagen,
de la editorial Aymà, de los cuales uno de ellos llamó
extraordinariamente mi atención por la imagen de su portada, y otras
similares que hallé en el interior del libro. Se trataba de El concierto de San Ovidio, de Antonio Buero Vallejo. Reproduzco aquí algunas de las imágenes. A aquella edad me resultó
misterioso el conjunto de estructura textual e ilustraciones. Nunca había visto yo teatro escrito, y menos aún acompañado
de tales símbolos humanos.
No tardé demasiado en acometer la lectura de aquel
libro (que aún conservo), aunque apenas me enteré de casi nada. Sin
embargo, de ningún modo me sentí defraudado, en gran parte debido a las
acertadas explicaciones que mi padre supo exponer ante mi absoluta
incomprensión. Quizás en mayor medida, y por razones bien claras, me ayudó a
entender el teatro la emisión por Televisión Española de Estudio 1, aquel insigne
programa. La casa de Bernarda Alba fue el primer drama que disfruté a través de la pequeña pantalla,
y el segundo texto teatral que leí. Poco después me llevaron mis padres a la
representación de una comedia de los Quintero, en el Teatro Lope de Vega.
Pero a mí, lo que me hubiese gustado ver,
era el misterio que en los personajes y las cosas aparecía siempre en
las obras de teatro que leía. Tuve que esperar unos años para aquello
ocurriera.
Después de haber leído a Valle-Inclán, Galdós, Unamuno, etc., mi amor por el teatro fue creciendo para no detenerse ―al menos hasta hoy―, revelándome la concreción de ese concepto al que llamamos "teatro" y que, no sé en pos de qué cosa, se le fuerza a ser poco menos que un arte abstracto. Teatro es teatro. Las traducciones de ideas pertenecientes a otras culturas, han desenfocado y desvirtuado el alma misma del teatro español. Eso creo.
F J P S
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